Wednesday, April 27, 2011

El metarrelato de la democracia en el norte de África.

El metarrelato, que ha sido observado por Lyotard, como “ una matriz de racionalidad para interpretar el curso de la historia” (Del Rey, 1996: 298), una narración, un mito, que legitima las acciones, el poder. A partir de esto podemos identificar a la democracia como un metarrelato, una gran narración que legitima un mecanismo de exclusión donde el poder es de uno, como justifica el axioma: “demasiados cocineros, estropean el caldo” (Hardt & Negri, Multitud, 2004, pág. 374), donde se observa implícitamente la ejecución del poder en una sola persona, tal como ocurría en previos modelos políticos como la monarquía o la oligarquía. De esta forma se observa la falaz promesa de que el pueblo es el que detenta el poder: demos, pueblo, cratos, poder. Sin embargo, el poder del “pueblo” vuelve a ser ejecutado por un solo individuo. Para la democracia es forzoso utilizar mecanismos de representación limitados por un espacio nacional: “el pueblo no es sino una identidad inmediata y eterna, sino el resultado de un proceso complejo propio a una formación social y a un periodo histórico determinados” (Hardt & Negri, La multitud contra el Imperio, 2002).

De acuerdo con Hardt y Negri en su artículo “La multitud contra el Imperio” “la noción moderna de democracia está íntimamente ligada a la de Estado-Nación” (Hardt & Negri, La multitud contra el Imperio, 2002, pág. 159). Lo anterior se muestra claramente en la premisa propuesta por Fukuyama, donde la democracia, específicamente la liberal, se percibe como la metafísica del Estado-Nación: “la democracia liberal constituye el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la forma definitiva de gobierno humano” (Cortés, 2005, pág. 142). Justificado por Fukuyama a través de una supuesta legitimidad del poder, establecida por una acción comunicativa, sin embargo esta misma democracia liberal detenta, casi como única capacidad, la regulación del mercado. Es por esto que la democracia se convierte en un mecanismo de control abiertamente promovido por el Imperio. Esto se puede observar en instituciones económicas supranacionales como el Fondo Monetario Internacional, que establece ciertos requisitos antes de poder realizar un préstamo a una nación, entre ellos, la democracia, ejerciendo así “una dominación del tipo monárquica sobre los asuntos globales” (Hardt & Negri, La multitud contra el Imperio, 2002, pág. 159).Ya que es a través de estos mecanismos de control que el Imperio elimina la soberanía de los Estados-Nación, ya que “los Estados-nación capitalistas dominantes continúan ejerciendo una dominación imperialista sobre las demás naciones” (Hardt & Negri, Imperio, 2002, pág. 26). Esta dominación se articuló a través de la producción, o mejor dicho, reproducción del discurso occidental, propositivo del metarrelato de la democracia, como ya se observó con Fukuyama que se impone como una herramienta del nuevo orden. No se limita, como se comentó al derecho supranacional y su trastocamiento de las leyes nacionales, sino a transformar la cultura nacional, a través de la herramienta capitalista con la cual promueven el intercambio de bienes, entre ellos, los culturales, parte de la Globalización que se detallará más adelante con Jameson.

Esta reproducción del discurso imperial toma lugar en la cibersociedad, la esfera pública, la cual, retomando la teoría de la razón comunicativa propuesta por Habermas, pervirtió su finalidad de utilizar el diálogo cercano a una razón menos instrumental, y más cercana al propósito moderno original. La acción comunicativa “es aquel tipo de interacción en la que los sujetos tratan de entenderse entre sí para coordinar y ejecutar, sobre la base del entendimiento previo, sus planes individuales de acción” (Gallego, 2008, pág. 61).

Esta acción comunicativa es la que se ha observado en los últimos meses en el norte de África. Tenemos tres posturas al respecto de estos eventos. Primero encontramos a Samuel Huntington que en su libro “La tercera ola” describe las tres olas de democratizaciones que han ocurrido a nivel internacional:

La primera tuvo lugar entre los años 1828 y 1926; la segunda, entre 1943 y 1962, estuvo marcada por los proceso de descolonización de África y Asia; y finalmente la tercera ola se desarrollaría a partir de 1974 con la <> portuguesa, para continuar con la caída de los regímenes autoritarios por todo el mundo hasta comienzos de la década de los noventa. (Flores, 2009, pág. 211)

A partir de estas olas de democratizaciones podemos establecer cronológicamente el avance del metarrelato de la democracia a nivel internacional. Otra postura es la de Giovanni Arrighi respecto a la historia de las crisis africanas. De acuerdo con él, el informe Berg, realizado por el Banco Mundial en 1981, destaca las causas de la crisis africana de una manera “muy crítica hacia la política de los gobiernos africanos por haber socavado el proceso de desarrollo destruyendo los incentivos que habrían permitido a los productores agrícolas incrementar la producción” (Arrighi, 2002, pág. 7). En el anterior fragmento observamos la metafísica del mercado como principio rector de la lógica del Estado-Nación así como la intromisión del Banco Mundial, organismo supranacional, socavando la soberanía de los países africanos. Hardt y Negri describen esta misma relación entre mercado y Estado-Nación: “la relación política de la soberanía se asemeja cada vez más a la relación económica entre el capital y el trabajo, y por tanto, aunque sea su antagonista, debe asegurar su salud y su supervivencia” (Hardt & Negri, Multitud, 2004, pág. 380). Arrighi también hace mención del FMI a este respecto, ya que cuando un conjunto de “Estados africanos se sometía a los programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial comenzaron a revisar sus prescripciones neoutilitaristas y <> y a insistir en el papel de las instituciones y el <>” (Arrighi, 2002, pág. 9). De esta forma se constituye, desde otra postura, la insistente imposición del metarrelato de la democracia en África. Arrighi, sin embargo, detalla algunas de las posibles causas del descontento social en el norte de África, siendo la más importante la económica, debido al endeudamiento que tuvieron las naciones africanas en los años 70 a partir de la crisis económica. El “mal gobierno” de los países africanos, diagnósticado así por el BM, no es necesariamente tal, considerando que “la pieza maestra de la Guerra Fría estadounidense en África fue la sustitución del gobierno democrático de Lumumba por el régimen depredador de Mobutu” (Arrighi, 2002, pág. 25), de esta manera demostrando cómo el metarrelato democrático es sólo un discurso al servicio del libre mercado. Por último, la postura de Fredic Jameson acerca del fenómeno de la globalización: “quizá nos hallemos en una tercera fase, en la que Estados Unidos persigue lo que Samuel Huntington ha definido como una estrategia de tres cabezas: armas nucleares sólo para Estados Unidos; derechos humanos y democracia electoral al estilo estadounidense” (Jameson, 2000, pág. 6). Apreciamos en este fragmento la aparición del metarrelato democrático como parte de una estrategia del Imperio. Es muy importante identificar la frase <> ya que este estilo se impuso a partir de la razón comunicativa vista en la cibersociedad y el intercambio de bienes culturales. Dentro de estos, se constituye implíticamente la democracia como un objeto de deseo para los pueblos africanos decepcionados de sus líderes políticos, sin embargo como ya vimos, este fracaso gubernamental es resultado de las intromisiones del Imperio. A través de la producción cultural estadounidense es como se propaga el metarrelato democrático: “la estandarización de la cultura mundial, con la expulsión y el enmudecimiento de las formas populares o tradicionales locales para dar cabida a la televisión estadounidense y a la música, la comida, la vestimenta y las películas estadounidenses, ha sido percibida por muchos como el corazón mismo de la globalización.” (Jameson, 2000, pág. 7). De igual forma con Jameson, vuelve a aparecer el FMI como herramienta de control del Imperio: “organismo considerado desde hace tiempo como la fuerza de arrastre de las tentativas neoliberales de imponer las condiciones del libre mercado en otros países a través de la amenaza de retirada de los fondos de inversión” (Jameson, 2000, pág. 11).

Jameson recupera a Leslie Sklair para identificar la esfera de lo social, donde se habla acerca de “una forma de vida específica, generada por la producción de mercancías del capitalismo tardío, que amenaza con consumir formas alternativas de comportamiento cotidiano en otras culturas” (Jameson, 2000, pág. 12). Con la esfera de lo social de Sklair y la teoría de la razón comunicativa de Habermas podemos relacionar este aspecto con las protestas en el norte de África, ya que es a partir de las computadoras [mercancías] con acceso a Internet, que fue posible el cambio de comportamiento que llevó a la acción comunicativa que propició la caída de varios dirigentes. A partir de la globalización y el uso de nuevas tecnologías fue posible establecer un nuevo imaginario social para los pueblos de estos países, cimbrado en el mito de la democracia y el libre mercado. Como comentan en “Multitud” Hardt y Negri: “el Imperio crea y rige una sociedad realmente global, pero ésta se hace cada vez más autónoma conforme el Imperio pasa a depender de ella” (Hardt & Negri, Multitud, 2004, pág. 384). A partir del intercambio de información y conocimiento es como la multitud se organiza y puede llevar a cabo la acción comunicativa.

Como parte de la identificación de los organismos supranacionales recuperamos a David Harvey quien comenta sobre el imperialismo de manera análoga a Negri y Hardt, observa también acerca del uso del FMI como herramienta del “régimen” para consolidar su poder fáctico a través de lo económico:


El régimen se desarrolló a través de las crisis [...] Como efecto de esto, el poder económico norteamericano se ha proyectado hacia el exterior;se ha forzado la apertura de los mercados, particularmente los de capital y de flujos financieros (actualmente un requisito para integrar el FMI) y se han impuesto otras prácticas neoliberales (culminando con la OMC) sobre buena parte del resto del mundo. (Harvey, 2004, página 108)


Aunado a lo comentado anteriormente, es posible identificar un factor, conceptualizado por Hardt y Negri como “multitud”, que en una entrevista con Danilo Zolo, Negri acepta “ la falta de una definición analítica suficiente de la multitud en el Imperio. ” (Negri y Zolo, 2002,página 13) La falta de precisión puede deberse a que existe una cierta metafísica del concepto que alude a principios marxistas. De esta forma la “multitud” se concibe sinónima a “proletariado”, “masa”, “pueblo”, exhibiendo la oposición binaria “imperio” que por consecuencia puede asimilarse como “burguesía”, los dueños de los medios de producción. Se reposiciona la lucha, la revolución del proletariado, ahora contra el Imperio. Sin embargo en su análisis no identifican el establecimiento de herramientas de control culturales. Debido a esto sostienen su esperanza en el levantamiento de la multitud. En este respecto ubicamos el concepto de “cibersociedad” de manera análoga al de “multitud”, pero esta cibersociedad sostiene una acción comunicativa basada en metarrelatos, sirviendo a los propósitos del Imperio, que estableció estos principios a partir de su producción cultural divulgada a través de las Tecnologías de la Información aunado a otros procesos político-económicos establecidos por organismos supranacionales como el FMI. En la entrevista realizada por Zolo Negri comenta al respecto de las uso de las Tecnologías de la Información por la multitud:


La revolución tecnológica y de la información provee la posibilidad de nuevos espacios de libertad. Hasta el momento, también determina nuevas formas de esclavitud. Pero la reapropiación del instrumento por parte de los trabajadores, la concentración de valorización en la cooperación cognitiva de los trabajadores, la extensión del conocimiento y la importancia de la ciencia en los procesos productivos, todo esto determina nuevas condiciones materiales que deben ser consideradas positivamente desde la perspectiva de la transformación. (Negri y Zolo, 2002, página 15)







Bibliografía

Arrighi, G. (2002). La crisis africana. Aspectos derivados del sistema-mundo. NLR, 33.

Cortés, S. (2005). Democracia y gobernabilidad: en el marco de la globalización. México,D.F.: UNAM.

Del Rey, J. (1996). Democracia y posmodernidad: teoría general de la información y comunicación política. Barcelona: Editorial Complutense.

Flores, C. (2009). España y la Europa oriental: tan lejos, tan cerca. Valencia: Universitat de València.

Gallego, F. (2008). Ética del discurso y la teoría política: sobre el concepto de legitimidad democrática. Antioquia: Universidad de Antioquia.

Hardt, M., & Negri, T. (2002). Imperio. Buenos Aires: Paidós.

Hardt, M., & Negri, T. (2002). La multitud contra el Imperio. Observatorio Social de América Latina.

Hardt, M., & Negri, T. (2004). Multitud. Barcelona: Debate.

Harvey, David. El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión. En. Pantich, Leo y Colin LEYS (ed.) El Nuevo desafío Imperial. Buenos Aires: Merlin Press – Clacso, 2004. Pp. 99-129

Jameson, F. (2000). Globalización y Estrategia política. NLR, 18.

Negri, A. y Zolo, D. (2002). El Imperio y la Multitud. Un diálogo sobre el Nuevo Orden de la Globalización. Da Reset. Publicado en Internet por Rebelión y extraído el 27 de abril de 2011 desde http://www.scribd.com/doc/8549570/Toni-Negri-Danilo-Zolo-El-Imperio-y-la-Multitud.

No comments:

Post a Comment