Y así, de repente, resurge la fe en la clase política. "Qué bueno que quedó éste y no otro". Qué fácil olvidamos y nos resignamos. Hasta refranes tenemos para eso: más vale malo conocido que bueno por conocer.
Al menos ahora pasarán todas las reformas. Al menos ahora el presidente vuelve a ser los tres poderes a la vez.
Al menos ahora habrá un solo responsable para castigar en el 2018. Ahí estará el movimiento para hacer el debido contrapeso.
Quizás los medios tradicionales le pierdan el miedo al movimiento #yosoy132. Quizás ahora México se entere que existió un grupo de personas, no sólo de jóvenes, que prefirieron, prefieren y preferirán hacer algo. Somos pocos y no pudimos darnos a conocer. En un país donde el índice de conectividad a Internet es bajo, los medios se mostraron como reyes. Se nos olvidó, quizás por fe o por soberbia, que en México nadie lee: ni Internet ni prensa selecta, ni literatura para el caso. ¿Cómo podrían enterarse de un movimiento expresado en letras, signos y caracteres, así como escasos escaparates públicos?
Todos estamos muy ocupados sobreviviendo para preocuparnos por "salvar" al país, supongo. Diremos "alguien más lo hará" o exigiremos "¡Que alguien más lo haga!, que se comprometa y que lo cumpla" . Tampoco nos importa mucho, mientras nos molesten lo menos posible. ¡Somos tan deliciosamente postmodernos! Afortunadamente pronto serán las Olimpiadas y podremos olvidarnos de todo esto y regocijarnos en nuestro febril patriotismo y, más importante, nuestra exacerbada adicción a lo lúdico.
Como buen mexicano concluyo, postmoderno y sin deseo de imaginar alguna utopía (la que sea): en fin, a ver qué pasa. Tenemos 6 años para hacerlo bien esta vez.